"Ocúpate del reino del corazón y el resto te llegará por añadidura"
Claudio Naranjo
Actitudes y estrategias para mejorar el vínculo entre familia y escuela según la mirada sistémica.

El vínculo familia y escuela: actidudes y estrategias para mejorar la relación

En estas últimas semanas parece ser que el vínculo familia y escuela está en crisis por diversas razones, pero muy especialmente por el debate sobre los deberes. Como toda crisis, bien puede desarrollarse como un conflicto/enfrentamiento y acabar con una ruptura entre ambas (como parece ser que está sucediendo) o bien podemos aprovechar este momento para fortalecer la relación entre las dos instituciones. Por ello, en el artículo de hoy, intentaré mostrarte algunas actitudes y estrategias que pueden ayudar a mejorar la relación entre familia y escuela.

¿Qué entiendo por vínculo?

Tal y como Mercè Traveset explica “los vínculos son el tejido que une a los miembros de un sistema humano y la materia prima de los vínculos es el amor”. Por lo tanto, cada persona establece diferentes vínculos con los sistemas a los que pertenece (familia, escuela, amigos, país, etc.) encontrando su lugar y su función en él; de esta manera, estos vínculos nos aseguran la pertenencia y un lazo seguro con los demás.

Dentro del sistema escolar hay diferentes elementos que conforman la comunidad educativa y cada una de las partes son importantes y tienen sus funciones, tal y como indica Mercè Traveset:

  • Administración educativa y escuela
  • Familia y escuela
  • Institución, equipo directivo, maestros/as y personal no docente
  • Institución y niños y niñas
  • Maestros y maestras
  • Maestr@ y vocación
  • Maestr@s y niños/as
  • Niñ@s y currículo
  • Entre áreas del currículo

Vínculo familia y escuela

En primer lugar, hay que empezar teniendo claro que la familia y la escuela son dos sistemas diferentes y por lo tanto ninguno de los dos puede hacer las funciones del otro. Y, lo más importante, es que el primer lugar en la educación de l@s niñ@s lo ocupa la familia, pues la escuela lo que hace es continuar y complementar con su labor educativa.

Ahora bien, cualquier desorden que se produzca, por cualquiera de las dos partes, tendrá consecuencias en el desarrollo del niñ@ y en su aprendizaje. Por ejemplo, una familia que no cumpla sus funciones o que desvaloriza la escuela y l@s maestr@s y lo hace delante de su hij@, o que un maestro haga más de amigo que de docente o intente posicionarse por encima de la familia juzgando continuamente la manera de funcionar que tiene.

Por ello es básico que, a parte de que cada sistema sepa estar en su lugar y cumplir con su función, familia y escuela se relacionen con respeto mutuo y confianza. Las familias han de creer que la mejor escuela es la que ellos han elegido a la vez que se hacen responsables de su lugar de padre y madre, ya que ellos son los que sostienen al niñ@. Y l@s maestr@s debemos ver que el padre y la madre del niñ@ son el mejor padre y la mejor madre que puede tener y que lo hacen lo mejor que pueden, al igual que nosotr@s, si también somos padres/madres, así lo hacemos.

Actitudes para mejorar la relación familia y escuela

Según Bert Hellinger:

“Primero van los padres, después los niños y después los maestros, éste es el orden. Los padres confían los niños a los maestros y éstos representan a los padres ante los niños. Sólo pueden hacerlo si los padres tienen un lugar en sus corazones. Cualquier maestro que se considere mejor que los padres ya ha perdido.

Un niño quiere a sus padres, sean como sean, y no al maestro. Si éste aprecia y respeta a sus padres entonces lo querrá. Muchas veces tenemos la idea que nuestra familia es la correcta y que aquello que es válido para la nuestra también lo es para todo el mundo. Pero en realidad no es así. Por ello hay que reconocer que las diferentes familias son todas válidas y todas las culturas también. Es muy importante que el maestro respete esto en cada caso. Es necesario que, en parte, se olvide de sus valores y principios para poder reconocer los valores de los padres. Esta actitud le permite aportar sus conocimientos y encontrar la confianza de los niños estando al servicio de los padres. Así puede complementar y completar el trabajo de los padres“.

Por esta razón hay niñ@s que se sienten confundidos e inseguros ante una escuela que dice unas cosas y una familia que dice otras, niñ@s que pueden sentir que para aprender tienen que traicionar a su familia. En cambio, si l@s maestr@s somos capaces de ver que detrás del niñ@ hay una familia con sus patrones propios y sus dinámicas y respetamos su destino (como escuela tenemos un límite, no podemos cambiar o manipular sus vidas, no podemos salvarlos) podremos cumplir nuestra función y que el niñ@ pueda tomar lo que le mostramos en la escuela.

Respeto y confianza entre la familia y la escuela

Familia y sociedad actual

El debate sobre los deberes, bajo mi punto de vista, ha sido una especie de excusa para expresar una queja y, a la vez, algunas familias sentirse que defienden los derechos de sus hij@s. Me explico: siempre es más fácil buscar las culpas o responsabilidades fuera que dentro, es más sencillo quejarse de lo que la escuela pueda hacer mal que lo que la familia no sepa hacer mejor.

Creo que todos somos conscientes, aunque poco hacemos al respecto, que llevamos un ritmo frenético, que nos han hecho creer que para que nuetr@s hij@s sean felices necesitan saber muchas cosas, que es cansado muchas veces llegar del trabajo y acompañar a l@s peques, que los adultos necesitamos nuestro espacio, que nos gusta llevar un ritmo de vida muchas veces más alto que el podemos, que muchos horarios laborables son demasiado largos e incompatibles con la crianza, que nos hemos dejado invadir por la sociedad patriarcal y capitalista, que si lo que hay en casa no me gusta mucho pues decido trabajar alguna hora más y así evito conflictos, que, en definitiva, esto de ser padres y madres no es fácil.

Pero no podemos exigir a la escuela más y más para intentar, de manera inconsciente, suplir todo aquello que no podemos/queremos dar como familia. Una actividad como leer un cuento, cantar o hacer rimas juntos, preparar la lista de la compra conjuntamente no pueden considerarse como deberes, deberían ser actividades cotidianas que, en mayor o menor cantidad, todas las familias realizasen de manera espontánea.

Bajo mi punto de vista hay tres aspectos claves:

  • Debemos observarnos cómo (en tiempo y calidad) estamos presentes con nuestr@s hij@s. Lo que necesitan de nosotros es nuestro amor, nuestra comprensión, que los miremos, tal y como te expliqué aquí.
  • Las familias también debemos reflexionar sobre cómo acompañamos y facilitamos la independencia y la autonomía de nuestr@s hij@s. Es decir, si lo visto con cinco años o incluso le doy de comer, o bien ya con 18 meses es capaz de quitarse alguna pieza de ropa y comer solo.
  • Debemos reflexionar sobre cómo acompañamos a nuestr@s hij@s en relación a los límites necesarios que les den seguridad y confianza. Se ha hablado mucho que libertinaje y autoridad no es lo mismo que hacer comprender los límites desde lo que se denomina disciplina positiva.

A partir de ahí reprender el camino como padre y madre sin ningún sentimiento de culpa y avanzar junt@s. Cada uno de nosotros lo hacemos lo mejor que podemos, pero si le ponemos consciencia nuestr@s hij@s y la sociedad nos lo agradecerán.

Y, en último lugar, también me gustaría dedicar un párrafo para que reflexionemos sobre la desconfianza que existe, en general, hacia la profesión de maestr@. Con ello quiero decir que, aunque está muy bien que varios programas de televisión debatan sobre educación, creo que la sociedad en general ni estos programas en concreto no son expertos en la materia. Y, por lo tanto, es peligroso que se pueda opinar tan fácilmente sobre lo que es mejor o no para la educación del país y de l@s niñ@s de manera poco profunda. Emitir juicios es muy fácil, pero al igual que a mí no se me ocurriría poner en tela de juicio otras profesiones ( y casi nadie lo hace) porque no soy experta en ese campo, creo que deberemos ser más cuidadosos antes de emitir una opinión al respecto sobre un ámbito tan relevante como es la educación.

Los maestros y las maestras de corazón

Ante tal conflicto, los maestros y maestras de corazón tenemos que aportar esa mirada amorosa de comprensión y respeto, de aceptar al otr@ tal y como es, empezando, por supuesto por nosotr@s mism@s. Debemos expresarnos sin juicios, buscando soluciones y yendo a la raíz emocional del problema (si lo hay) que provoca dificultades en el proceso de enseñanza-aprendizaje del niñ@.

Los maestros y las maestras de corazón ante un debate como el abierto de los deberes, debemos saber pararnos y ampliar nuestra mirada, saber ver el origen de tal debate y no entrar en la crítica destructiva y colocarnos en una posición defensiva contra las familias. Como profesionales debemos saber parar y valorar con documentos científicos (como éste) qué tipo de deberes en cantidad y calidad se demandan y con qué objetivo se proponen, pues hay evidencias de que no mejoran directamente el rendimiento académico entre los 6 y los 11 años.

Por lo tanto, no debemos sentirnos atacados, sentémonos a dialogar, aceptemos las dualidades, construyamos puentes de respeto y confianza, acompañemos a las familias situándonos en nuestro lugar y dejándoles el suyo, no tengamos miedo a que puedan dar su punto de vista sobre ciertos temas.

En definitiva…

Si esto ha sucedido es porque es una muestra clara de que en muchas escuelas familia e institución no van de la mano, somos un fiel reflejo de la sociedad y de la política. Ninguna de las dos partes asume sus responsabilidades desde su lugar, sino que invade a la otra, la ataca para sentirse reconocida, sentirse vista y valorada.

Y es que ¿por qué no ha sucedido en todas las escuelas? Pues porque en las escuelas en las que familia y escuela comparten el mismo punto de vista sobre las funciones que cada una tiene y las asume, no aparecen estos conflictos. Si los órdenes del amor se respetan todo fluye, todo es más sencillo, más fácil y ligero.

Junt@s haremos del mundo un lugar mejor, la biopedagogía y la biocrianza conscientes nos acompañan en el camino.

Una sonrisa,

firma kls

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