"Ocúpate del reino del corazón y el resto te llegará por añadidura"
Claudio Naranjo
El peligro de educar las emociones

El peligro de educar las emociones: mis Miradas

Empieza el año para much@s de nosotr@s, momentos de preparativos, de adaptación, de cambios o novedades, de vuelta a la rutina… en fin, un sin fin de emociones que bien puedes vivirlas como un mar en calma o bien como un huracán.

Así que, después del descanso veraniego, vuelvo a escribir. Esta vez sobre la gran moda de la inteligencia emocional. A continuación te muestro mis   sobre el peligro de educar las emociones.

El origen de nuestro mundo interno de emociones

Numerosos estudios corroboran que nuestro mundo interno de emociones empieza a forjarse en el vientre materno, incluso llegan a apuntar que en el momento de la concepción. Esa parte emocional la vive el feto en forma de sensaciones que la madre experimenta y que él siente como propias.

Así es hasta que durante los tres primeros años de vida el niño va sintiendo y formando su identidad propia. Personalidad que va estructurando desde su base genética pero sobre todo desde sus experiencias y relaciones con las figuras de apego que lo acompañan y en base a cómo éstas dan respuesta a sus necesidades y demandas.

Por ello la gran influencia que tienen los patrones culturales y familiares en nuestro mundo interno de emociones es más que relevante (tal y como te hablé de ello aquí). Si en nuestro hogar la persona que normalmente nos acompaña vive reprimiendo sus sensaciones y emociones, le será muy difícil saber ver e interpretar las demandas del niñ@. ¿Cómo puede validar las necesidades del otro si ha aprendido que las suyas propias no son importantes ni se pueden/deben expresar? O al revés, podría ser que esta persona de apego quisiera satisfacer en el niñ@ todo aquello que ella no pudo tener y se lo facilita sin que ést@ lo haya demandado o quizá lo necesite.

El primer paso del proceso

Por ello el primer paso del proceso es el autoconocimiento en relación a lo que hemos interiorizado desde pequeños y hacernos, así, responsables de nuestro mundo interno emocional. Hacerlo sin victimizarnos ni buscar culpables, sino con la mirada en el presente enfocada en llevar a cabo un camino de transformación, de modificar ciertas actitudes que ya no nos sirven y poder entrar en contacto  el máximo que nos sea posible con nuestro verdadero Yo, nuestra esencia.

 

El autoconocimiento para acompañar las emociones

El segundo paso del proceso

La cuestión no está en educar las emociones sino en sentirlas y vivirlas, en validarlas y expresarlas, son nuestras, somos seres emocionales. Si vamos haciéndonos mayores aprendiendo que no está bien enfadarse o que siempre hay que estar alegre, estamos creando un mapa emocional desconectado de nosotros. Estamos viviendo a través de roles que interiorizamos y que nos ayudan a sobrevivir, pero que nos alejan de nuestra esencia y del vivir.

Por ello el segundo paso es respetar nuestras emociones, todas ellas, para poder respetar las del niñ@ al que acompañamos. Así, por ejemplo, ante una caída de un niñ@ o un enfado, el adulto podrá validar la sensación que está teniendo el pequeñ@ y la emoción que se siente. Porque si por el contrario le expresamos que “no pasa nada” o “ya está”, el niñ@ sentirá, y es así, que no lo estamos respetando y esto le causará más dolor, esto le generará un aprendizaje que no le ayuda para nada en que forje estrategias que le sean útiles cuando sea mayor a la hora de gestionar sus emociones.

El tercer paso del proceso

Y el tercer paso tiene relación con el juicio, muy ligado al anterior punto. No me enjuicio ante una emoción que siento o en la forma en cómo la expreso. Y tampoco lo haré respecto el niñ@ al que acompaño. Todo es válido, nada está mal o bien. No hay juicio.

Acompañar las emociones con nuestra presencia consciente

Lo que deberíamos hacer es evidenciarle, mirándole a los ojos, expresarle que estamos con él/la diciéndole “estoy contigo”, “te entiendo” y acompañarlo sin más, sólo con nuestra presencia. A veces será necesaria una caricia o un abrazo, pero otras veces no.

Y, a la vez, hacerle ver que diferentes maneras de poder expresar esa emoción con el objetivo que no haya ningún daño físico y, sobre todo, para que no se deje invadir por la emoción y las sensaciones corporales.

En este caso lo mejor es preguntarnos cómo expresamos y gestionamos nosotros como adultos nuestras emociones. Pues recordemos que somos el referente para los niñ@s, nos observan todo el día y nos imitan. Y también cuestionarnos el por qué nos cuesta acompañar cierta emoción que expresa el pequeñ@, ¿será que no permito expresarla o ni siquiera sentirla?

El cuarto paso del proceso

Habrá partes o aspectos a los que nos será difícil acceder o acompañar, por ello el cuarto paso es aceptar nuestras limitaciones y facilitar recursos que se comuniquen directamente con el inconsciente, como son los cuentos tradicionales, los cuentos de hadas, los cuentos teatralizados y el teatro, la biodanza, la psicomotricidad relacional y aucouturier o las artes plásticas son herramientas muy potentes. Y que te invito a que te formes y documentos en ellas para que puedas facilitarlas a los niñ@s a los que acompañas.

Además estos recursos nos permiten poder acompañar las emociones en un entorno seguro, de confianza y donde el resultado final siempre es positivo, deja una sensación de victoria y salvación.

La verdad es que son recursos que yo siempre he facilitado en clase a los niñ@s a los que acompaño. Muchas veces, en el caso de los cuentos,  sin ninguna intención didáctica o emocional, tan sólo por el placer de contarles o leerles una historia, compartir, asombrarnos y gozar juntos.

El gran aliado de nuestras emociones

Después de todo lo que te he explicado, falta hablar, bajo mi punto de vista, del mayor aliado de nuestras emociones: el cuerpo. Nuestro cuerpo es el que siente y el que puede expresar muchas más cosas que las que logramos comunicar con palabras. El lenguaje interno y externo del cuerpo es muy inteligente, de hecho para mí ahí reside nuestra sabiduría y nuestro mundo interno emocional.

Nuestro cuerpo es el que codifica nuestras sensaciones desde que estamos en el vientre materno, es el que recibe los impactos emocionales y los guarda en nuestra musculatura y en nuestros órganos para protegernos con una especie de coraza como W. Reich explicó. Y, a la vez, nos va dando mensajes a través de sensaciones corporales y de nuestra pulsión interna de lo que necesitamos, nos guía, siempre nos intentará mostrar qué anhelamos, qué y cómo nos hará felices.

El cuerpo es real, objetivo, palpable, no pasa por el filtro de la mente. Si nos dejamos invadir por las emociones y le damos el poder a nuestra mente estamos perdidos. Pues es cuando nos desbordamos y nos desconectamos del todo. Si logras mantenerte en contacto con el cuerpo, verás que todo es más relativo, que las emociones no son tan fuertes y que fácilmente sabrás qué hacer y cómo para sentirte mejor, más ligero y con bienestar.

El cuerpo el alidado de nuestras emociones

El peligro de educar las emociones: mis Miradas

Por ello, bajo mis   , estamos cayendo en un peligro al querer educar algo que ya tenemos en esencia y sabiduría desde que nacemos en nuestro cuerpo. Y lo hacemos a través de la llamada inteligencia emocional y miles de recursos inventados por adultos.

Bajo mis   los adultos tenemos que volver a reconectar con nuestro cuerpo y nuestra sabiduría interna, tal y como he explicado antes, aceptar nuestras limitaciones ante ciertas partes que no podremos modificar y acompañar en lo que nos sea posibles a los niñ@s en su camino de aprendizaje de vida para que no desconecten con su esencia ni con su cuerpo.

El cuerpo tiene que ser escuchado y tiene que poder expresar. Si acompañamos a los niñ@s en su proceso de autoregulación desde que nacen no hará falta todo lo que te he explicado antes, pues permanecerán en contacto con su cuerpo, él les guiará, les comunicará qué necesitan y qué pasos dar o no dar.

Yo siempre digo que hubo un antes y un después desde que empecé a practicar la Bioenergética y hacer un trabajo personal, mis sensaciones, la comunicación con mi cuerpo y el contacto conmigo ha dado un salto de conciencia más que importante y que ha sido el puente que me ha llevado a poder gestionar mis emociones. Y gracias a este trabajo personal previo a la elección de ser madre hoy en día puedo acompañar a mi hijo desde esta mirada consciente.

 

Sólo de esta forma, si somos adultos que hemos llevado a cabo todo este proceso de autoconocimiento y  que además acompañamos a niñ@s (como educadores o como persona de apego), podremos estar presentes de forma consciente con ell@s. De esta forma no habrá transferencias emocionales entre uno y otro, la relación será mucho más neutra a nivel de emociones.

Por supuesto no es un camino fácil, está lleno de aprendizajes para ambas partes, y será un proceso que durará toda la vida. Pero ¿no lo encuentras emocionante?

Junt@s haremos del mundo un lugar mejor.

Una sonrisa,

firma

 

 

 

 

 

 

 

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