"Ocúpate del reino del corazón y el resto te llegará por añadidura"
Claudio Naranjo
Una miradas amorosa a las habilidades de todos los niños

¿Discapacidades o Capacidades?

Hace tiempo que me apetece escribir sobre este tema, de hecho es la base que sustenta mi trabajo (por si no lo sabes aquí te cuento que mi labor en la escuela es maestra especialista en pedagogía terapéutica). Más de 15 años llevo ya de recorrido, casi ná! Y la verdad que hasta hoy no me he decidido a escribir sobre mis   , sobre cómo acompaño a los niños y niñas catalogados de diversidad funcional porque no es fácil concretar y autoreflexionar sobre algo que hago o me sale de forma natural. Y para empezar te hago una pregunta: ¿Cuándo estás con los niñ@s, ves sus discapacidades o capacidades?

Sobre la diversidad y la inclusión

Mi función y la de mi compi (como la llamo) en la escuela es la de atender la diversidad. Pero ¿qué entendemos por diversidad? ¿Tan sólo los niñ@s con algún diagnóstico o dictamen? O ¿todos y cada uno de los niñ@s que vienen al colegio? ¿Sólo debemos atender la diversidad las especialistas de pedagogía terapéutica o todos y cada uno de los maestr@s del centro? ¿Tan sólo necesitan  nuestro acompañamiento los niñ@s que muestran alguna dificultad de aprendizaje o bien los que sobresalen (aunque muchas veces nos olvidamos de ell@s)? O ¿todos y cada uno de los niñ@s tienen el derecho de ser mirados como seres únicos e irrepetibles?

Como bien explica la etimología de la palabra diversidad, “es la cualidad de lo diverso y diferente, que por ser diverso necesariamente ha de ser múltiple y abundante”. Por lo tanto, lo rico de la diversidad es que al haber variedad, se pueden ver cosas diferentes, incluso opuestas.

De esta forma todos y cada uno de nosotr@s somos diversidad, somos seres especiales porque nadie más en el mundo tiene nuestra voz, nuestro físico, nuestros deseos, nuestros gustos, nuesta mirada, nuestro sentir o nuestra manera de sonreír.

Desde estas   no haría falta hablar de inclusión, sino que todos y todas formamos parte de la sociedad, del mundo en el que convivimos, al mismo nivel, cada un@ ocupa su lugar. No es necesario una sociedad inclusiva, sino una sociedad sin más.

Confío en que antes o después lo conseguiremos!

Capacidades y talentos

Este año como ya sabéis la clase la hemos llamado “El Bosque de los Talentos”. Y cuál fue la sorpresa al ver que los niños a los que acompaño habían desconectado de sus talentos: o bien nombraban el fútbol (confundiendo con hobbie o placer) o bien no lograban nombrar ninguno. ¿Te puedes imaginar lo duro y difícil que debe ser no sentir ni creer que tienes ninguna habilidad? ¿Cómo pueden estar en sintonía con la vida y pulsar para crear?

Y mayor fue mi sorpresa cuando en una de las dinámicas que hacemos donde vienen a la clase compañeros del grupo referente (para de manera creativa reflexionar y desarrollar todo nuestro potencial de comunicación oral) y ellos (niñ@s sin etiquetas) tampoco sabían nombrar sus capacidades.

Y si vamos más allá, tú como adulto ¿sabrías decirme tus capacidades y talentos? ¿Aquello que te hace único y que si lo aportas al servicio del mundo lograríamos que fuese un lugar mejor?

Qué tal si redescubrimos nuestras habilidades y talentos?

¿Discapacidades o Capacidades?

Después de la reflexión anterior, creo que bien podemos dar un paso más y preguntarnos si en los niños y niñas que acompañamos ¿nos fijamos en sus capacidades? ¿Conocemos sus fortalezas y habilidades? ¿Alguna vez nos hemos parado a observar sus intereses? ¿Hemos hablado con ellos alguna vez sobre sus sueños o deseos? ¿Sabemos qué necesitan? ¿Sabríamos decir el o los talentos de estos niñ@s? ¿Creamos espacios con propuestas variadas que provoquen desarrollar las potencialidades de todos los niñ@s? O ¿proponemos actividades basadas sólo en el intelecto?

Y es que, normalmente, ponemos la atención en el foco de la llamada discapacidad (que siguiendo con el hilo etimológico bien sería perder la cualidad de lo diferente). Intentamos solucionar lo que creemos un problema, una barrera. Limitando, de esta forma, a ese niñ@, pues nuestra mirada ya no es global como persona sino que fraccionada. Y tampoco es cuestión de mirarlos con lástima y exagerar para hacer ver que sí saben hacer algo bien, engañándonos y engañándoles a ellos.

Y, además, nuestras propuestas suelen basarse en el hacer y no en el ser. De tal forma que planteamos espacios poco abiertos, poco creativos, muy dirigidos, limitantes y único para tod@s (un mismo objetivo una misma actividad).

Todo, por lo tanto, recae en nuestro punto de vista: ¿qué tal si lo cambiamos?  O mejor aún ¿qué tal si no tenemos ningún punto de vista sobre ese niñ@? Qué tal ¿si no necesitamos solucionar nada porque no hay ningún problema? Qué tal ¿si no hace falta cambiar nada? Qué tal ¿si no es necesario nuestra ayuda sino que a través de nuestra presencia logran empoderarse?

Es mirarlos desde el corazón como personas, más allá de las etiquetas, preguntarles qué necesitan, observar sus intereses, dejarlos ser, con empatía y comprensión, sabiendo informar de los límites sanos que nos facilitan la convivencia, acompañarlos con mucho amor para que pulsen con su ser y no con el hacer e invitándoles a transformar y crear para luego mostrar sus creaciones con orgullo y satisfacción. Re-conociéndose como seres únicos y, por lo tanto, muy especiales.

Con empoderarlos me refiero al siguiente vídeo, donde una persona a la que le han detectado Síndrome de Down crea algo nuevo y lo ofrece al mundo, hace de su talento y pasión su trabajo.

 

Estamos hechos de historias

Esta semana he asistido a una conferencia sobre Educación Emocional con ponentes que me inspiran como Jordi Amenós. Él explicó cómo en uno de los Team Stories que realizó en un instituto, al entrar en clase el profesor le señaló a un joven diciéndole “éste no se entera de nada”. Jordi siguió con su propuesta e invitó a los chavales a escribir usando metáforas cómo serían sus vidas en diez años. Y resultó que “el chico que no se entera de nada” escribió un poema maravilloso que comenzaba así: “Yo seré la primavera para…” lleno de bellas metafóras. Al acabar de leerlo, todos emocionados, aplaudieron y Jordi al marchar le expresó al maestro: “pues menos mal que no se entera de nada!”

Y es que ese chaval se había comprado la historia como suya de que “no se entera de nada” pero no era quizá que ¿ningún adulto lo había sabido mirar desde el corazón? Qué tal ¿si ningún profesional lo había acompañado a re-descubrir sus capacidades? Pues quedó claro que ese chico era un poeta.

Por lo tanto, esos puntos de vista o historias que proyectamos hacia los niñ@s, ell@s los sienten como suyos (al igual que nos sucedió a nosotros) y crecen limitados y desconectados de sus verdaderas capacidades y talentos.

En todos estos años todas las etiquetas que acompañaban a los niñ@s con los que he tenido (y tengo) el placer de trabajar, eran verdaderos regalos que escondían sus habilidades, unas capacidades extraordinarias. ¿Qué tal si les acompañamos a re-conectar con el regalo que son para el mundo?

¿Qué te hace temblar el corazón?

Hace unos meses una amiga me hizo descubrir a Flowpiano, un ejemplo real de cómo Ricardo Andrés Tomás ha conectado con sus capacidades y talentos. Un hombre muy perceptivo que crea música para el alma, a mí me transporta.

En palabras suyas “la verdadera esencia de este proyecto, es compartir esta música intima y privada contigo. Música que me ayuda a acercarme a mi y que quizás te ayude a acercarte a ti, pues en esencia no somos tan distintos”.

 

 

Y es que como dice Dr. Dain Heer “tu punto de vista crea tu realidad, ¿decides mirarlo todo sin juicio?”.

Junt@s haremos del mundo un lugar mejor!

Una sonrisa,

firma

 

 

 

Un recurso para empezar a poner en marcha este cambio de mirada es “Un Cuento Soñado”, con audiolibro, relajaciones guiadas para practicar en familia (o en la escuela) y guía de lectura. Lo puedes comprar aquí.

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